Los ruidos molestos son el primer causal de conflicto entre los propietarios de un edificio. Ali Santa Cruz, de la administradora de edificios Casa Grande, indica que si un vecino realiza reuniones hasta altas horas de la noche, perturba la tranquilidad del lugar con el estridente ruido de algún instrumento o realiza alguna situación similar, se debe pedir a un representante de la junta directiva o la administración que se comunique con el vecino ruidoso y apele al manual de convivencia, que por lo general tiene reglas claras sobre qué hacer en estos casos y cuáles son las sanciones impuestas.

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De persistir la situación, pueden presentar una queja ante el municipio y solicitar la visita del personal de fiscalización. Los trabajadores municipales comprobarán con un equipo de medición, llamado sonómetro o decibelímetro, si las quejas son fundadas. De ser así, la autoridad establecerá disposiciones especiales para controlar los ruidos.

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Por otro lado, los sonidos no siempre tienen que ser estridentes para generar molestias, pues si las paredes que dividen las viviendas son delgadas, los ruidos se filtrarán con facilidad.

El arquitecto Gonzalo Valega Rey explica que, para reducir el impacto sonoro, es posible revestir los muros colindantes con un falso muro de drywall, de ocho milímetros de espesor, y colocar lana de vidrio (aislante) en el interior de este.

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Una alternativa más sencilla es forrar el muro con láminas de corcho, que se adhieren a la superficie con pegamento de contacto. También se pueden conseguir rollos de caucho autoadhesivo, miden aproximadamente tres metros de largo por 45 centímetros de ancho. Pueden lucirse en su tono natural o pintado en color entero.

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