El óxido es el enemigo número uno de los metales. El daño empieza a gestarse de manera silenciosa y no es evidente hasta que corroe la superficie de las barandas, las ventanas o las rejas. En muchos casos, puede dejarlas inservibles.
Este problema se presenta debido a la humedad del medio ambiente y se acelera en zonas expuestas al salitre y la brisa marina. La arquitecta Melissa Fernández explica que el primer indicio de oxidación es el cambio de la tonalidad del metal. Este va tomando un color cobrizo y aparecen pequeñas manchas que con el tiempo se convierten en costras o capas marrones que debilitan el material. “Si llega a este estado, es mejor reemplazar la pieza, porque ante un eventual accidente podría generar un caso de tétano”, dice Fernández.
SOLUCIONES
La mejor arma para evitar el deterioro del material es la prevención. Si tiene accesorios de acero, retíreles el polvo de manera diaria y límpielos semanalmente con un pulidor de acero. Use el mismo producto para las rejas de fierro: también aplíquele barniz marino de doble acción, que lo mantendrá protegido por buen tiempo. Repita este procedimiento como mínimo una vez al año, sobre todo si vive cerca al mar.
No obstante, si ya aparecieron las manchas cobrizas, lije la zona afectada y aplique un producto transformador de óxido que genera una película protectora. Luego, coloque una base anticorrosiva y finalmente, aplique el esmalte. Otra alternativa es aplicar pintura epóxica, pues presenta gran resistencia a la humedad.
La arquitecta agrega que para evitar estos problemas en las casas de playa, lo mejor es optar por metales como el aluminio o el acero inoxidable, que no se corroen.
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Melissa Fernández.
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(Fuente: Urbania)
